jueves, 8 de agosto de 2013

CUENTO GANADOR, ..... "LA BODA" 2013


LA BODA

Céfiro Zala

 

La pequeña iglesia de Jaral del Progreso lucía engalanada con crisantemos blancos que mezclados con azahares, invadían el camino al altar de un particular olor, aguardando la llegada de la pareja que ese día uniría sus vidas. El sol, aunque cubierto, brillaba, pero no para todos. Los ricos lucían sus mejores galas para el evento mientras los pobres, se asomaban curiosos al portal de la iglesia o se sentaban en los últimos bancos aguardando. No exactamente por los novios, si no por las noticias sobre la revolución. Pero el hambre, la desazón, la necesidad de combatir no habían hecho mella en la decisión de Jesús Romo, la hermosa joven de diecisiete años que en ese preciso instante, sonreía, caminando por las calles, del brazo de su padre, de quien había heredado sus ojos. Detrás de ella, su hermana María cargaba su precioso ramo de azucenas blancas mientras contenía los nervios al ver a ricos y pobres del pueblo reunidos en la iglesia para presenciar su matrimonio.

-          Por última vez, Jesús… ¿estás segura de querer casarte? Yo hubiese querido retenerte un poco más… Te pareces tanto a tu madre… tienes su carácter tan dulce… - su padre Socorro se detuvo y le arregló amorosamente el velo unas tres cuadras antes de llegar al pórtico de la iglesia.

-          ¡Papá! Ya te he dicho que María se encargará de ti… además no pude evitar enamorarme de Telésforo… todo estará bien… ¡no es como que me casaré y me olvidaré de ustedes! ¡Viviré tan sólo a tres cuadras de la casa!

-          No lo sé hija… - dijo Socorro con pesar mientras se enjugaba una lágrima. – Me será difícil…

-          ¡Vamos papaíto! – Jesús sonrió. - ¡Apurémonos! ¡Seguramente Telésforo ya está esperándome!

Socorro y María se miraron. Asintieron con la cabeza en silencio y ante la alegría de Jesús, terminaron de librar los pocos metros que los separaban de la entrada de la iglesia. Pero cuando llegaron, todo fue murmullos y de pronto, un silencio increíble. María, de trece años, preguntó inmediatamente ante la expectación de su padre y de su hermana.

-          ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? ¡La novia ha llegado! ¡Buenos días, señor cura!

El cura, con una mirada tensa, se acercó a la jovencita y le susurró algo al oído. Jesús se quedó platicando con sus amigas mientras Socorro, sospechando y temiendo algo, se acercaba a su hija y al cura.

-          ¿Qué pasa? ¿Qué le está diciendo a María? ¿Por qué este silencio? ¿Acaso ya ha estallado la revolución?

-          No, Socorro… aún no. Pero puede que estalle otra cosa… el novio no ha llegado.

-          ¿Qué? – Socorro se sorprendió sobremanera y su grito fue oído por Jesús que se deshizo de sus amigas rápidamente y se acercó a su padre.

-          ¿Qué ocurre? ¿Papá? ¿María? ¿Señor cura? ¿Dónde está Telésforo?

El silencio del pueblo, de sus parientes y del cura la hicieron estremecer y Jesús se llevó la mano a la boca. Telésforo no podía haberla dejado plantada. Empezó a temblar y sintió que en cualquier momento enloquecería de dolor. Socorro la tomó del brazo e intentó cubrirla de las miradas curiosas del pueblo.

-          Tranquilízate hija… seguramente Telésforo se ha atrasado…

-          ¡No! ¡Nadie se atrasa el día de su boda! ¡Telésforo! ¡Telésforo!

María y Socorro intentaron detener a Jesús pero ésta ya había abandonado el pórtico de la iglesia y comenzó a correr por las calles de Jaral sin importarle que las personas cuchichearan a su paso. Comenzó a gritar el nombre de su prometido sin cesar y dos veces se cayó por las calles empedradas. No le importó que su vestido de novia se manchara de sangre por sus rodillas raspadas. Y cuando sintió que nunca lo encontraría porque ya había recorrido casi todo el pueblo, oyó unos jadeos en una esquina y se detuvo a escuchar.

-          Tengo que irme Trinidad… ya voy retrasado a mi boda con Jesús…

-          ¡Bésame otra vez y júrame que después de tu noche de bodas vendrás a mí!

-          ¡Te lo juro! ¡Te amo, Trine! ¡Pero ya déjame ir!

Jesús se quedó petrificada. Aquella voz era la de su prometido. Pero la voz de esa mujer, la tal Trinidad, era la de su madrina de lazo. De su mejor amiga. ¡Con razón no la había visto en el pórtico de la iglesia! Al oír el sonido de los besos que se daban, rabia e ira se apoderaron de Jesús Romo. Se sintió poderosa, alta, orgullosa, henchida de valor y soberbia. Acto seguido, salió de su escondite ante la mirada atónita de su amiga y prometido.

-          No te preocupes Trine… ¡Telésforo es tuyo! ¡Te lo regalo! ¡Quédatelo! ¡No quiero nada de ustedes dos! ¡No necesito amor, no necesito casarme, no necesito nada más que a mí misma!

-          ¡Jesús! – los dos amantes mezquinos al verla se horrorizaron.

-          Ni siquiera me tomaré la molestia de exhibirlos ante el pueblo. Yo sola volveré a la iglesia. Diré que no quiero casarme porque no necesito amor. Porque los aires de la revolución que se avecina me han dado la determinación de irme de este pueblo y luchar por una causa verdadera. Por mí.

Jesús se dio media vuelta y Telésforo intentó detenerla pero la joven se soltó con firmeza y sin brusquedad.

-          No vuelvas a tocarme, Telésforo Martínez. Gracias a ti me he dado cuenta que no necesito dulzura en mi vida. Se acabó la muchachita dulce e ingenua que fui hasta el día de hoy. El amor es sólo para los que creen en él. Y yo ya no creo en nada…

-          ¡Perdóname Jesús! ¡Yo te juro que…!

-          No me jures nada… A cambio yo sí te juro algo. Algún día, donde más duela, la sombra de la muchacha dulce que fui y que cambiaste para siempre, volverá… y herirá con la misma arma con la que tú me has herido a mí…

-          ¡No seas idiota, Jesús! – dijo Trinidad con ironía y crueldad ante la novia.

Jesús no respondió. Dio media vuelta con decisión, la cabeza alta y el orgullo como estandarte y cumplió su palabra. Con frialdad, dijo ante todo el pueblo que se iría porque no quería casarse. Sin remordimientos, dejó a su padre y a su hermana y se fue a la ciudad de Morelia donde pasó veinte años lavando ropa ajena para mantenerse. Cuando reunió suficiente dinero, se mudó a Janitzio donde construyó una casita humilde con vista al lago y donde años más tarde, murió. Sus vecinas pagaron su funeral con el dinero que Jesús les había dejado. No quería que nadie le pagara nada. Y en su lápida, se grabó la siguiente leyenda: “Aquí yace Jesús, La Orgullosa”.

Eran las once de la noche del primero de noviembre del 2012 cuando Laura Vázquez y su prometido, Javier Estrada, al lado de sus mejores amigos y de toda su familia, daban un paseo por la isla de Janitzio esperando ver el espectáculo de la Noche de Muertos. Laura era una graduada de química y Javier era un médico internista. Ambos se conocieron en  un Congreso. Un flechazo instantáneo. Laura era muy hermosa, inteligente y dulce. Javier por su parte, fue mujeriego en su momento, pero al conocer a Laura se convirtió en un hombre fiel. Después de un noviazgo de casi dos años, Javier le propuso matrimonio en la plaza del pueblo del tatarabuelo de su amada novia. Contrató violinistas, y mandó que cubrieran el humilde quiosco con flores e incluso pagó para que, por la noche, se lanzaran fuegos artificiales después de que él le ofreciera un precioso anillo de diamantes. Para Laura fue muy significativo que Javier tuviera ese detalle de proponerle matrimonio en el lugar donde nacieron sus ancestros y no pudo contestar otra cosa más que un determinante sí. La fecha de la boda sería el tres de noviembre en Morelia ya que de ahí era la familia de Javier y decidieron complacer a la madre de su futuro esposo y estando ya todo preparado, acordaron viajar, como despedida de solteros, con sus amigos y familias, a ver el espectáculo en Janitzio de la Noche de Muertos.

-          ¡No puedo creer que de verdad consideres esto una despedida de soltera! – exclamó Estrella mientras ésta observaba ensimismada los cirios encendidos y los caminos de flores de cempaxúchitl. - ¡Tú y Javier están locos!

-          ¿No te parece que es hermoso y pintoresco? A mí me lo parece…

-          Para Javier y sus padrinos, no es más que una excusa para beber… ¡sí será para ellos una despedida de solteros! – se quejó Estrella mientras veía al prometido de Laura y sus amigos sentarse en cualquier tumba y destapar cervezas.

-          Déjalos… a mí me gusta ver la tradición…

-          ¡Vaya tradición macabra aunque colorida! ¡No te lo niego! ¡Sólo a ti te gustan las tradiciones! Mira que considerar romántico que Javier te propusiera matrimonio en un pueblucho cualquiera como Jaral del Progreso…

-          ¡Oye! – Laura empujó a su amiga con cariño. - ¡No olvides que mi tatarabuelo Telésforo es de ahí! ¡Además fue sumamente romántico…!

-          Si tú lo dices… ¡Mira! Es curioso… esa tumba no tiene flores ni cirios… Ni tampoco nadie está sentado alrededor… ¿de quién será?

-          No lo sé… pobre… que nadie recuerde… - Laura se acercó y leyó el epitafio grabado en la lápida. – “Aquí yace Jesús, La Orgullosa”…

-          ¡Ahí viene tu prometido!

-          ¡Cariño! ¡Mi Laura! ¡En menos de 48 horas serás mi esposa! ¡Me amarás y me honrarás hasta que la muerte nos separe! ¡Te amo! ¡Te amo!

-          Tú estás un poquito pasado de copas… - dijo Estrella.

-          No te metas, Estrellita… ¡no comprendes que este amor entre Laura y yo es eterno! ¡Hasta que la muerte nos separe! – Javier besó apasionadamente a su novia y se retiró para seguir brindando con sus amigos. - ¡Cuídamela bien! ¡No se pierdan entre tantos cirios, flores y muertos!

-          Lo haré… lo haré… - Estrella vio alejarse a Javier pero al voltear a ver a Laura se extrañó al verla sumamente serena pero cambiada. Como si de pronto, estuviera viendo a una extraña. Su gesto no era dulce, sus ojos parecían lejanos y su postura estaba mucho más erguida que nunca. - ¿Laura?

-          Sentémonos aquí. Aquí estoy bien… - contestó la aludida con un tono de voz diferente.

-          ¿Estás loca? ¡Aquí ni siquiera hay un altar que admirar! ¡Mejor vámonos!

Laura comenzó a caminar, dejándose llevar por un particular olor de crisantemos blancos y azahares que se mezclaba con el cempaxúchitl y de pronto se detuvo. Estrella la miró estupefacta.

-          No… No necesito amor, no necesito casarme, no necesito nada más que a mí misma. No necesito dulzura en mi vida. El amor es sólo para los que creen en él…

-          ¿Laura? ¿De qué hablas? ¿Qué te pasa?

-          No pasa nada…  Sólo volví…
 
 
Escrito por: Aura Muñoz Romo.

4 comentarios:

Juan Jesus Perez Nunez dijo...

No me agrada mucho este estilo literario -muy "mexicano" por los nombres empleados- pero el autor hizo un excelente trabajo y supo concluir el relato de una manera perfecta.
El final es la mejor parte.

Felicidades!

Anónimo dijo...

Si el autor cree que ese es un buen cuento, ni hablar. Su trabajo le habrá costado Pero, ¿quiénes fueron los jueces que premiaron esto? Seguramente aquellos que en la vida han leído un buen libro y sólo nutren sus gustos con novelitas rosas y telenovelas.

Jesús González Mendoza dijo...

Se nota que esto está influenciado claramente por telenovelas de televisa. He leído ediciones anteriores de este premio y me había topado con excelentes trabajos. No puedo creer que esto gane un concurso literario, ¿tan malos eran los otros trabajos que se presentaron a dictamen? O ¿tan ignorantes eran los jueces?
Me parece que en la mayoría de concursos pueblerinos si les pegas en lo indio a los jueces ganas, sí. Si das un cuento donde pongas nombres raros mexicanos y pueblos ya ganaste. Qué indignante, sé que hay excelentes narradores en este estado como para que se haga eso.

Bueno, cada quien opinará lo que le venga en gana.

Roberto Ruiz dijo...

Dios Mío que cuento tan malo. Escribe al estilo del siglo pasado. Realmente resulta tenebroso saber que hubo un jurado.